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Confort térmico y acústico

Confort térmico

Para que un ambiente resulte térmicamente agradable, la temperatura debe mantenerse entre los 21 y 24 grados.

El cuerpo humano es muy sensible a los cambios de temperatura y es por eso que ante una deficiente aislación térmica sentimos malestar.

En invierno

Cuando los muros y ventanas no tienen el aislamiento térmico necesario, en las proximidades de una pared o un vidrio se crea un ambiente de incomodidad debido a una sensación térmica inferior a la temperatura de la habitación. 

Este efecto de pared fría, lo apreciamos más fuertemente cuando tocas las paredes lejanas a la fuente de calefacción. 

Aun cuando la temperatura de la habitación sea elevada, la pérdida de calor que produce esta pared fría genera una sensación de malestar e incomodidad que usualmente intentamos corregir subiendo la calefacción de nuestras casas; pero en realidad solo puede corregirse creando una barrera térmica para evitar las zonas frías.

En verano

El calor que emite una pared que recibe directamente los rayos del sol produce una suba de temperatura por radiación y convección en el interior de nuestras casas. 

Esta fuente de calor constante produce el efecto inverso al de la pared fría, resultando en un incremento en el uso de aire acondicionado que nunca logra disminuir la temperatura de nuestra habitación, y lo vemos reflejado en un excesivo consumo de energía que se traslada finalmente a nuestra cuenta de electricidad.

Confort acústico

El aislamiento térmico mejora también el aislamiento acústico.

Los materiales utilizados por Larsen para el aislamiento térmico actúan en el acondicionamiento acústico generando una capa de aislación extra con la que evitarás en gran parte muchos de los ruidos molestos que te llegan del exterior: 

Ruido de vecinos, tránsito, trenes y aviones; vibraciones sonoras a través de la estructura; ruido provocado por sistemas de ventilación, equipos electrónicos, maquinarias, tuberías o ascensores entre otros.